El día que el silencio de un tumor me enseñó a escuchar a Dios

 "De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven." — Job 42:5


A veces, Dios tiene que detener nuestro mundo para que finalmente podamos mirarlo a Él. En diciembre de 2024, mi mundo no solo se detuvo, se sacudió. El diagnóstico fue claro y aterrador: un meningioma cerebral de gran tamaño, con edema y una hernia que presionaba mis pensamientos, mi motricidad y mi futuro.

Hoy, a un año de aquella cirugía que me abrió el cráneo pero también el espíritu, quiero contarte por qué esa prueba fue, en realidad, mi mayor bendición.

El proceso: Entre la ambulancia y el altar

Muchos ven las fotos de mi proceso y sienten pesar: la ambulancia, el post-operatorio, las grapas en la cabeza, el cansancio extremo. Yo, en cambio, veo un proceso de preparación.

Recuerdo apagar mi computadora cada noche, apagar las luces y postrarme de rodillas. En ese silencio, donde el miedo intentaba gritar, escuchaba un susurro divino: “¿Sabes por qué pasaste por esto? Tenía que prepararte. Este proceso era necesario”.

Como dice Isaías 48:10: “He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en el horno de la aflicción”. Mi horno fue una sala de cirugía en enero de 2025, y el resultado no fue solo la extracción de un tumor benigno, sino la extracción de una fe superficial.

20 años de creyente vs. Un año de intimidad

Llevaba dos décadas llamándome cristiano. Conocía los versículos, asistía a las reuniones, hablaba el lenguaje de la fe. Pero no fue hasta que sentí la fragilidad de mi propia vida que entendí lo que es la intimidad.

Antes, mis oraciones eran listas de peticiones. Hoy, mis tiempos con Dios no tienen reloj. Ya no se trata de pedir que me sane (porque Él ya lo hizo), sino de conocerlo. He descubierto que la verdadera comunión no ocurre en la comodidad, sino en la entrega total cuando no tienes nada más a qué aferrarte.

¿Por qué a mí? La pregunta correcta

Si hoy estás pasando por un desierto médico, financiero o familiar, no preguntes "¿Por qué a mí?". Pregunta: "¿Para qué, Señor?".

  • El tumor me trajo claridad.

  • La cirugía me trajo dependencia.

  • La recuperación me trajo gratitud.

Hoy, los exámenes dicen que todo marcha bien. No hay recurrencia, no hay convulsiones, no hay dolores de cabeza. Pero lo más importante es que no hay distancia entre Dios y yo.

Mi invitación para ti

No esperes a tener un diagnóstico en la mano para buscar la profundidad de Su presencia. No esperes a estar en una cama de hospital para reconocer que Su gracia es lo único que te sostiene.

Salmo 34:8 nos invita: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él”.

Si estás en medio de la tormenta, no te desesperes. Dios no está usando la prueba para destruirte, la está usando para que dejes de "oír de Él" y comiences a "verlo" cara a cara.


¿Estás pasando por una prueba difícil hoy? Me encantaría orar por ti en los comentarios. Dios tiene un propósito en tu proceso.

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